lunes, 27 de octubre de 2014

El arte de perder cosas



Siempre he admirado a los verdaderos artistas. De entre todas las disciplinas artísticas, debo admitir, me resulta particularmente interesante el arte de perder cosas. Mucha gente las hay que pierde sus cosas constantemente de formas que carecen de un sentido estético: “¡Uy, perdí el celular!” dice, para luego cometer el error que el conocedor del arte considera fatal; “Se me habrá caído en el colectivo”, agrega quitando todo el misterio. Tras esto, se compra un celular nuevo y continúa con su vida.
 Por otro lado, los verdaderos artistas de la perdición se manejan de otros modos. Para empezar, sus historias suelen estar al límite de lo inverosímil, lo increíble. Esta característica suele ser destacada meta-reflexivamente mediante frases armadas que agregan, a su vez, verosimilitud: “La realidad supera la ficción”, “no vas a creer lo que me pasó”, o “ciertamente lo que te digo no es batata”.
 Esto es importante para entender que el arte de perder cosas está constituido en gran parte por el arte (y la parte no es menor que el todo) de contar. Lo que quiere decir que no hay verdadero artista perdedor sin público (en general también perdido). O, en otras palabras, son todos chamulleros y necesitan a alguien a quién versear.
 Además, existe el problema de la materia. ¿Qué es conveniente perder? Y, también, ¿cómo es conveniente perder esa/s cosa/s?
 Un profesional no se deja seducir por los objetos sencillos: llaves, celulares, encendedores, púas de guitarra, monedas, y un hijo en la playa son trivialidades sin peso en el mundo artístico. Más difícil es perder cosas gigantes, enormes, visibles para cualquiera.
 En los tiempos que corren, la tendencia más marcada en los círculos de vanguardia es la de dejar ir oportunidades. Y no oportunidades cualquiera, sino que reúnen las características mencionadas: son fantásticas, increíbles, gigantes, y difíciles de perder. Y, como buen artista, la explicación que dará para justificar esta historia deberá estar a la altura: quizá, por ejemplo, arguyendo que es culpa de otro (algún artista más capacitado al que se quiera dejar mal parado) el no poder aprovechar su momento.
 Eso, y no la falta de atención o de coraje, es el arte de perder.    

viernes, 10 de octubre de 2014

Ropa

 La ropa se me rebeló, y escapó del reino de mi cuarto. Los joggins se aliaron con las zapatillas y salieron a correr por el país a lo Forrest Gump cercenado. Mientras, los buzos hacen honor a su nombre y se sumergen en las profundidades del océano. Las medias, que siempre quisieron ser enteras, se juntaron con los guantes y aún debaten si deben ser una mano con pie o un pie con mano. Las remeras aprendieron a cazar el viento en sus cuerpos, y se fueron volando envidiadas por los calzoncillos, que no se atrevieron a unirse al desacato.
 La ropa se me rebeló y yo, desnudo, quiero rebelarme también.



Mayo 2013

martes, 7 de octubre de 2014

Es aire

Te vi llorar una madrugada
de notas sucias y bondis llenos.
El miedo pudo moderar
                                   mis palabras.

Te perdí  y nunca te tuve.
Porque claro, otros ganaban las carreras
que yo corría distraído.

De entre todas
                      fuiste una más.
Pero es tu rostro el que recuerdo hoy.

¿Qué queda de las palabras
más que el golpe, la caricia, o el destello?
Todo lo demás es aire.



feb. 14

jueves, 2 de octubre de 2014

Pelotas

Una pelota
dos pelotas
tresmilmillonesnovecientascuarentaycincomilsetecientasveintres con cincuenta pelotas,

rodando cuesta abajo en el monte.