miércoles, 29 de junio de 2011

Otra manera - Capítulo 5

“De todos es errar, solo del necio perseverar en el error.” Cicerón

A pesar del clima general de terror que había en el pueblo, la revolución no habría sido más que un juego allí, de no ser por la muerte de Don Gregorio.
Casi no había habido disparos. El día del levantamiento, todos marcharon con sus rifles, armas de caza, a casa de Gregorio. Allí, para su sorpresa, el aristócrata había organizado una pequeña resistencia. Alguien le había alertado lo que ocurría, probablemente para que escape. Pero no quería irse.
La resistencia del poderoso viejo consistía en guarecerse en su casa, tras haber tapiado las ventanas, junto a los dos únicos oficiales de policía del pueblo: Jorge, y su joven ayudante. Este último se rindió y salió de la casa con las manos en alto al ver que su padre estaba entre la multitud revolucionaria. Fueron necesarios algunos disparos, aunque ninguno con intenciones verdaderas de herir a nadie, para que Jorge siguiera tras él.
Don Gregorio, por otro lado, estaba empecinado en defender sus pertenencias y su situación de poder en el pueblo. Desde una de las ventanas más altas de la casa, quiso disparar al carpintero, a quien guardaba especial aversión. Jamás había disparado, y hubiera sido más sensato no hacerlo: la antigüedad que tenía por arma explotó en sus manos y las esquirlas metálicas le destrozaron la cara y parte del brazo.
Murió desangrado varias horas después.


martes, 31 de mayo de 2011

Al atardecer

"Creyendo hacer cosa buena
un pintor me pintó un día
mas me pintó por afuera,
porque adentro no veía"

El pintor,

Atahualpa Yupanqui

Caminando por el campo acompañado por la puesta del sol, con la barriga vacía y la guitarra llena, pensó en sus penas sin dejar que ni una lágrima llegara a sus ojos. Se prometió aquello, que nunca más dejaría que se le fueran de sus ojos ninguna clase de lagrima, a no ser que fueran de alegría. Entonces, dispuesto a cambiar su suerte, se pintó un atardecer en el cuerpo y en la cara una sonrisa. Arrancose el par de ojos, para el nuevo estado de vista, descoció de la mente aquello prolijo a lo que se habia dedicado, y siniestro caminó… hasta que se sintió liviano, despojado del pasado y en blanco, listo para pintarse de todo lo que encontrara en su nuevo camino.
Escavando la tierra con las uñas de sus pies ocultó la noche enterrandola solo un momento; pues ella ,fiel aliada de la introspeccion, queria contrastar en su fe. Y de a poquito se fue volviendo parte del paisaje. Así, su propio ser se convirtió en su máxima obra. El era todo a su alrededor, era el cielo manchado, el sol ocaso, las nubes amorfas, el acogedor soplido del viento, el crujido de los árboles, la húmeda pampa, el chillido de los insectos, el brote de la noche.
Entonces por fin se sentó a descanasr y se fundió con el paisaje. Llegar a los extremos más lejanos de la tierra le requería un solo instante, y le era tan sencillo como mover un dedo o como respirar. Y pudo contemplar desde múltiples perspectivas el atardecer al que su alma se había unido para siempre.






Autores: Lucía, Le Perdu, Ju, Jan Puerta, Pepi Ribas, Leo, Agustín, Camilo, y Lucas Fulgi.

viernes, 27 de mayo de 2011

Esta es una entrada interactiva 2

Se va a repetir el cadaver exquisito, porque muchos no puedieron participar la vez anterior y me lo pidieron. Quería aprovechar también para comentarles que voy a empezar a publicar un relato en prosa, que va a estar dividido en ocho capítulos o entregas semanales.

Bueno, las reglas son la mismas que la vez anterior: usando la oración con la que empiezo, deben ir agregando cada uno una oración a su gusto. Pueden dejar la cantidad de oraciones que quieran, pero dejen pasar un par de comentarios en el medio.
Después pueden publicarlo terminado en sus propios espacios. Esta vez va con título y epígrafe (para complicarlo más).

Al atardecer
"Creyendo hacer cosa buena/un pintor me pintó un día/
mas me pinto por afuera,/porque adentro no veía/"

El pintor, Atahualpa Yupanqui

Caminando por el campo acompañado por la puesta del sol, con la barriga vacía y la guitarra llena, pensó en sus penas sin dejar que ni una lágrima llegara a sus ojos.